(Delmonico 01) On, Off by Colleen Mccullough

(Delmonico 01) On, Off by Colleen Mccullough

Author:Colleen Mccullough
Language: es
Format: mobi
Published: 2011-10-14T22:00:00+00:00


15

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Martes, 4 de enero de 1966

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El primer día laborable del año nuevo se levantó nevado y ventoso, pero el tiempo no había impedido a alguno embadurnar el Hug con pintadas: ASESINOS, ENEMIGOS DE LOS NEGROS, CERDOS, FASCISTAS, esvásticas, y, a lo largo de la fachada principal: HOLLOMAN KU KLUX KLAN.

Cuando llegó el Profe y vio lo que le habían hecho a la niña de sus ojos, se desplomó. No por un infarto; las crisis de Robert Mordent Smith eran de orden anímico. Se lo llevó una ambulancia, cuya dotación tuvo muy claro que cuando llegaran a Urgencias, el edificio de al lado, estarían llamando a gritos no a los cardiólogos, sino a los psiquiatras. El hombre lloraba, gemía, despotricaba y balbuceaba encadenando palabras incoherentes.

Carmine se acercó a ver el Hug por sí mismo, tan agradecido como John Silvestri porque el invierno resultase riguroso después de todo; los verdaderos disturbios raciales no estallarían hasta la primavera. Sólo dos negros desafiaban los elementos enarbolando pancartas que el viento ya había hecho jirones. La cara de uno de ellos le era familiar; se detuvo junto a la entrada y la estudió. Su propietario era pequeño, delgado, insignificante, muy oscuro de piel, ni guapo ni sexy. Pero ¿dónde, dónde, dónde? Los recuerdos enterrados tendían a asomar a la superficie de repente, como hizo éste; cualquier cosa registrada en la cabeza de Carmine permanecía allí, para ser desenterrada cuando la ocasión lo requiriera. El sobrino de la mujer de Otis Green. Wesley le Clerc.

Cruzó pesadamente por la nieve hasta donde estaban Le Clerc y su compañero, otro me-gustaría-ser-alguien-si-pudiera que parecía menos resuelto que Wesley.

—Idos a casa, tíos — dijo cordialmente— , o tendremos que sacaros a rastras o meteros en el trullo. Aunque antes, señor Le Clerc, quisiera hablar con usted un momento. Venga adentro, aquí hace frío. No voy a arrestarlo, sólo quiero hablar, palabra de scout.

Para su sorpresa, Wesley lo siguió dócilmente mientras el otro tipo se escabullía como un crío a la salida del colegio.

—Tú eres Wesley le Clerc, ¿no? — le preguntó una vez que estuvieron dentro, sacudiéndose la nieve de las botas.

—¿Y qué si lo soy, eh?

—El sobrino de Louisiana de la señora Green.

—Sí, y tengo antecedentes, le ahorraré la molestia de investigarme. Soy un conocido agitador. En otras palabras, un incordio negro.

—¿Cuánto tiempo has pasado a la sombra, Wes?

—En total, cinco años. Pero no por robar tapacubos o asalto a mano armada. Siempre por zurrar a paletos racistas que odian a los negros.

—¿Y qué haces en Holloman aparte de manifestarte pacíficamente con una cazadora de la Brigada Negra?

—Hago instrumentos en Suministros Quirúrgicos Parson.

—Es un buen trabajo, requiere cierta habilidad tanto manual como intelectual.

Wesley se hinchó para nivelarse con el mucho más corpulento Carmine, como un pollito ante un gallo de pelea.

—¿Y a usted qué le importa lo que haga, eh? ¿Cree que he pintado yo lo de afuera, eh?

—¡Venga, Wes, madura! — dijo Carmine, aburrido— . Las pintadas no las ha hecho la Brigada Negra, son críos



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